LA FARSA DE DON PEDRO ZARZUELA
Don Quijote y Sancho Panza un día de buena mañana, ya estando en Barcelona, decidieron ir a la famosa Villa Condal de Castelló d’Empúries. Donde se hallaban los más famosos y poderosos Condes de la historia. Llegaron en Septiembre, justo cuando en ese pueblo situado en el Alt Empordà, celebraban como año tras año el Terra de Trobadors (una fiesta medieval).
Don Quijote y Sancho al llegar, quedaron realmente sorprendidos. Coincidieron con el día del torneo. Se inscribieron. Uno de los combatientes se dio cuenta que era el famoso y nombrado Don Quijote de la Mancha. Lo reconoció por su forma de actuar.
Don Quijote y Don Pedro de Zarzuela empezaron a combatir. Don Pedro, hacia todo lo posible para ridiculizarlo y para que la gente lo reconociera. Ya que en todas partes hablaban de él.
-¿Me tienes miedo Caballero andante?- dijo Don Pedro de Zarzuela- ¡Yo te he reconocido, se quien eres!
-Dígame usted ¿Quién soy? – dijo Don Quijote
-Usted mi señorisimo Caballero andante, es el famoso Don Quijote de la Mancha reconocido en el mundo entero por su locura y por vagar por el España vestido de Caballero. ¿Acaso usted no sabe que aquí, en Castelló estamos celebrando una fiesta y todo lo que ve no es real?- dijo Don Pedro.
Con estas palabras Don Pedro dejó a Alonso Quijano desconcertado. En ese momento, Don Pedro atacó. Y dejó a Don Quijote tendido por los suelos. Don Pedro, se dirigió al público i les dijo: ¿Acaso no lo reconocéis?
El público de golpe grito: - ¡Pero si es el ingenioso hidalgo Don Quijote de la Mancha!- en ese momento salió Sancho a recoger del suelo a su amo y el público empezó a lanzarle tomates, berenjenas, lechugas y todo tipo de hortalizas.
Con esta aventura el Quijote empezó a recuperar su cordura. Descansaron en una posada llamada Can Serratosa y al día siguiente partieron hacia Barcelona de nuevo.
5/28/2009
La nueva aventura de Don Quijote y Sancho
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En el lanzamiento de tomates, entramos en razón, o nos ponemos mas torpes y ariscos, debido al miedo y al desprecio. Aunque para Don Quijote, todo eran señales, para su seguida.
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